Cambios de identidad, compañías e idas a la mierda

Hace añares ya –cuando todavía disfrazaba mi forma de hablar como la de un invasor español por estar en mis primeros meses en HyperHype– hablé sobre la saga de Driver, una de las franquicias más dispares en cuanto a calidad se refiere. Siendo Driver 2 mi entrega favorita por lejos y teniendo juegos que, en ese momento, me parecían malísimos.

Pues hace unos meses tenía una comezón que rascar, una que sólo los juegos de conducción de mundo abierto de la sexta generación podían rascar. Así fue como comencé a jugar a Driver 76, uno de los pocos juegos de la saga que nunca probé y que recuerdo haber conocido a través de un comercial que juro haber visto en la televisión (lo cual es rarísimo considerando lo “muerta” que estaba la saga a esas alturas) y que era tan descaradamente una copia de los Grand Theft Auto que me hizo enfadar tanto que juré nunca jugar… y aquí estamos.

Probando las aguas

Driver 76, si bien es un clon de GTAsiguiendo la lamentable tradición de la saga de inclinarse cada vez más a la fórmula de la saga de Rockstar North–, es un juego que va tan directo y sin pretensiones que se me hizo muy fácil de conectar con él, aunque la experiencia general no haya sido nada remarcable. Entre más fui jugando más me daba cuenta de que éste era básicamente un spin-off/precuela tanto narrativa como jugablemente de Driver Parallel Lines, la temida entrega que hizo que me rindiera con la saga. Así que, apenas habiendo terminado 76 (el hermano menor hecho para PSP), decidí darle una segunda oportunidad a Parallel Lines.

Mi experiencia con éste fue a partes iguales mejor y peor que con su precuela. Por una parte cada una de las mecánicas presentes en Driver 76 estaban más desarrolladas, pero por otra mucha de esta mayor profundidad se sentía como grasa que su posterior spin-off terminaría eliminando para tener una experiencia que, si bien es mucho más simple hasta llegar a ser algo perjudicial, resultaba ser mucho más asimilable. Tampoco ayudó el hecho de que 76 era tan parecido a Parallel Lines que hasta compartían la misma banda sonora, mapeado y vehículos.

Y si bien quedé algo quemado tras jugar dos juegos tan similares uno tras otro (y, de nuevo, de una calidad nada destacable), me alegro de haberlo hecho. No sólo me reconcilié parcialmente con una saga con la que tanto me dolía haberme divorciado, sino que además comencé a tener una percepción más amplia de lo que podía ser y no un Driver.

Aún extraño el estilo más “serio” de Driver 2 y 3 y, sobre todo, el estilo más arcade y brutalmente difícil del primero de estos dos. Ahora sólo me falta jugar a la primera entrega y ver si ahora, por fin, soy capaz de superar el puto tutorial, el cual fue diseñado por el diablo mismo.

Roba platas

Sí, mencioné que sólo me falta darle una oportunidad real a Driver 1, pero –sin contar los juegos móviles que ya no ha de haber forma de jugarse– no me quedaban más juegos de la saga que probar, excepto uno del cual me falta hablar: Driver Renegade, el peor de toda la saga y con diferencia.

Driver Renegade fue hecho como un cash-grab –o roba plata para los amigos– tras el lanzamiento de Driver San Francisco, un movimiento nada inusual en la empresa que ama defender a depredadores sexuales: Ubisoft. Este título es horrendo en muchos sentidos, quizás siendo el único que se salva es el apartado audiovisual, el cual es bastante resultón para ser un juego de 3DS y cuya decisión de hacer las cinemáticas como un puñado de dibujos estilizados como cómics fue la mejor que pudieron haber tomado.

El juego se controla de manera decente; los autos son responsivos y no recuerdo haber visto ningún bug durante mi experiencia, la cual por gracia del señor no duró más que un par de horas aproximadamente. Aunque esto, dado el tamaño de Ubisoft como compañía, sería como premiar una película hollywoodense por no capturar el micrófono en las escenas o no tener a los actores mirando a la cámara de manera no intencional constantemente. Llámenme demasiado exigente si quieren, pero que un juego tenga un game feel decente no es cumplir siquiera con lo mínimo; ni siquiera calificaría por sí sólo para recibir un 5 de 10, si fuese a ponerle una nota.

driver renegadeDejando de lado los aspectos “decentes” del juego, todo el resto va de pésimo a horrendo. John Tanner pasó de ser un detective serio, con una fuerte convicción en la justicia pero que no dudaba en jalar del gatillo cuando fuese necesario (sí, copaganda, lo siento) a un cerdo fascista capaz de arrollar con todo y todos para saciar su sed de venganza, la cual ni siquiera se desarrolla propiamente tal dentro del juego. Todo el juego consiste en Tanner o bien matando a uno de sus objetivos o destruyendo suficientes de sus propiedades o negocios para hacerlos salir uno por uno, todo mientras es usado como un títere por el verdadero villano desde el principio (ups, spoilers).

Sólo hay dos razones por las que terminé Driver Renegade. Una: el juego es cortísimo, por lo cual la tortura a la que me sometí fue breve y segundo: estaba hipnotizado por la ineptitud del juego; de su incompetencia narrativa; de su completa falta de crítica introspectiva. Pocas veces me he encontrado con juegos desarrollados por estudios grandes tan malos como Driver Renegade. Sí, que hay triple As malísimos, pero hasta estos suelen ser un 2 de 10 en vez de un 1 de 10 (de nuevo, si he de ponerle notas).

Desenterrando un cadáver (no sale mal)

driver 3En 2019 hablé sobre el porqué era momento de dejar la saga de Driver atrás tras haberme decepcionado una y otra vez. La verdad es que nunca pensé que volvería a ella y, Renegade aparte, me alegro de haberlo hecho. Tanto 76 como Parallel Lines fueron sorprendentemente decentes y me ayudaron a rascar esa comezón de juegos de conducción de mundo abierto junto a Mafia –y de paso no volver a jugar los Grand Theft Auto de la sexta generación por enésima vez–.

También hice un artículo muy similar sobre Silent Hill e intenté re-jugar a los títulos que no juego desde mi adolescencia (de The Room en adelante) y sólo logré jugar a Silent Hill 2 Remake, The Room y Origins, pero pretendo jugar, aunque sea, Shattered Memories nuevamente para ver si era tan interesante como lo recuerdo, sobre todo porque detrás de su historia está Sam Barlow, a quien más respeto entre más obras conozco de él. De igual manera, lo haga o no, jugaré sí o sí a Silent Hill f –principalmente por haber sido escrito por Ryukishi07, otro señor al que quiero mucho– y a Townfall cuando sea que salga. Desenterrar sagas dadas por muertas no está del todo mal después de todo.

kofi

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